El origen místico del Cuzco



Para hablar del origen del Cuzco, debemos dar un pequeño repaso a los mitos y leyendas del origen de la vida dentro de la cosmovisión andina. La actual Ciudad Imperial es el punto de partida de la civilización sudamericana, la cual nació tras una gran peregrinación de un grupo de comunidades indígenas hasta llegar a su actual locación. El líder de esta expedición fue Manco Cápac,  hijo del dios Sol y el primer Inca mitológico, quien les enseñó a los hombres las artes de la agricultura y ganadería.

Esta historia nos da a entender el origen divino de la civilización incaica, así como que la creación del Cuzco fue decisión de los dioses, por lo que estaríamos pisando suelo sagrado cuando lo visitemos. Sin embargo, la ausencia de pruebas de la existencia de Manco Cápac ha llevado a dudar de su existencia, por lo que muchos se han aventurado a decir que fue un antiguo curaca cuya vida fue mitificada para dar un origen teocrático a la figura del gobernante del Imperio.

Detrás del mito

El consenso arqueológico y los estudios antropológicos han dado como resultado que, durante la época en la que las leyendas hablan de la peregrinación de Manco Cápac, ya sea desde el cerro Tabotoco – la leyenda de los Hermanos Ayar – o desde el lago Titicaca – la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo -, un grupo de hombres huyó del decadente Imperio Tiahuanaco y migró hacia el norte, donde encontraron un valle fértil cerca del río Huatanay, afluente del río Urubamba, que irriga el Valle del Cuzco.



Este valle era habitado por comunidades nativas que vivían en un nivel cultural inferior a los migrantes, las cuales se habían asentado aquí por más de mil años. Los migrantes aportaron su tecnología y religión; los nativos, sus conocimientos agrícolas. La fusión de ambas culturas fue la semilla del futuro Imperio Incaico.

Durante el Tahuantinsuyo

Los cuatro primeros Incas, descendientes directos de Manco Cápac, fueron en la práctica curacas de una pequeña porción del Valle del río Urubamba. Su poderío se fue incrementando paulatinamente y conquistaron militarmente los pequeños curacazgos aledaños. En el reinado de Wiracocha Inca -el octavo rey-, los Incas enfrentaron a su mayor adversario hasta el momento: los Chancas, remanentes guerreros del decadente Imperio Huari, ubicado al sur del Perú.

El Cuzco, ciudad que ya contaba con trabajos en piedra y un ornato importante, fue conquistado por los Chancas, obligando a Wiracocha Inca a abandonar la ciudad. De sus hijos, sólo Cusi Yupanqui quedó como defensor del Cuzco ante el asedio invasor. Haciendo gala de sus artes militares, el príncipe derrotó a los Chancas y los conquistó, convirtiéndose en el primer Emperador del Imperio de los Incas bajo el nombre de Pachacútec.

Durante su régimen, el Cuzco fue embellecido con trabajos ornamentales en piedra, plazas y un sistema arquitectónico que maravilló a los españoles en la época de la Conquista. Gracias a sus gestiones como legislador y filósofo, sentó las bases para que la capital se convirtiera en un centro espiritual y político. Se rescata que durante el gobierno de Pachacútec y su sucesor, Túpac Inca Yupanqui, se construyó el Korikancha, Ollantaytambo, el Templo de la Luna, la Casa de las Vírgenes del Sol y se inició las construcciones de Machu Picchu.



La organización de la ciudad

Todos los edificios públicos construídos por Pachacútec tenían una función no sólo social, sino ornamental.  El Cuzco fue rediseñado totalmente por el nuevo Emperador para asemejar la imagen de un puma, el cual debía agradar a los dioses que vivían en el cielo. Por ello, la plaza central de la ciudad está ubicada en el centro exacto del puma: el corazón, de donde todo fluye. La fortaleza de Sacsayhuamán se encuentra en la cabeza, que representa el ideal militarista del Inca. Cerca del corazón se encuentra el Korikancha y la Casa de las Vírgenes, que vendrían a ser los pulmones de la ciudad.

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