La Procesión del Señor de los Temblores



Cuenta la historia que en el año 1650, cuando el Perú era aún colonia del Imperio Español, una serie de movimientos telúricos muy intensos comenzaron a hacer mella en el Cuzco. En cerca de diez meses, se llegaron a registrar mas de 800 sismos de diferentes magnitudes. Se dice que ya no solo las construcciones salían afectadas de los temblores sino que otras fuerzas de la naturaleza despertaban de su letargo y amenazaban con causar más daño.

El pueblo de la ciudad imperial, desesperado y sumido en la tristeza, decidió que solo la ayuda divina y el poder de su fé podrían salvar su futuro. La imagen de Cristo crucificado que se encontraba en la catedral del Cuzco (regalada por el rey Carlos V) fue sacada a la plaza y en largas y piadosas vigilias le fue suplicada la ayuda. La leyenda cuenta que el terremoto que se llevaba a cabo en el momento que la efigie salió del templo se detuvo y desde ese momento la imagen fue considerada milagrosa y capaz de apaciguar la furia tectónica.

Hoy, mas de 350 años después, el pueblo del Cuzco sigue venerando la imagen sagrada. Construida en base a madera de maguey con una técnica propia del Cuzco conocida como T’eque, la efigie obtuvo su color moreno debido al humo de las velas e inciensos con los que se le veneraba dentro del templo. En la actualidad, el llamado Taytacha de los Temblores sigue siendo uno de los motivos de devoción más grandes del catolicismo cuzqueño.



La actividad principal relacionada con la veneración del “Cristo Moreno del Cuzco” se lleva a cabo durante el lunes de semana santa. Según la tradición, las andas en las que pasean al Patrón Jurado del Cuzco pesan según los pecados de quiénes lo cargan y ademas se predice si el año será bueno o malo dependiendo de la expresión del rostro de la imagen. Una muestra mas de la fé y el sincretismo religioso que domina el mundo andino.

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