Lagunas Las Huaringas



Casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Casi cero grados centígrados. Casi en la frontera con Ecuador. Tan frías que sumergirse en ellas es casi una locura. Las Huaringas, un conjunto de catorce lagunas en la provincia piurana de Huancabamba, tienen según las creencias populares tal poder curativo que, a pesar de la distancia y lo duro del trayecto, reciben cada año a cerca de cinco mil personas buscando remedio a sus males.

¿Qué aflicciones ameritan tamaño sacrificio? Todo tipo. Los brujos de las Huaringas aseguran poder curar desde enfermedades mortales hasta males de amores, o hasta garantizar el éxito futuro. A cambio, el visitante deberá someterse a sus exigencias: inhalar tabaco blanco con aguardiente de caña, mieles y hierbas; bailar al ritmo de las varas sonajeras que agitan incesantemente; recibir baños de talco, azúcar, lima y licores. La noche anterior al peregrinaje a la laguna son comunes las sesiones de limpia con San Pedro. Con ellas se inicia la desconexión del mundo tangible, en lúgubres ambientes abarrotados por cruces, espadas, piedras, figuras religiosas y cadáveres de animales disecados. Pero, con San Pedro o sin él, todos los ritos se centran en el baño en las heladas aguas. El visitante debe desprenderse de sus ropas –que, en este crudo clima, incluye chompas, pantalones de lana y chullos– para quedar en prendas interiores y caminar hasta donde puedan sumergirse completamente, limpiando su cuerpo y mente. Luego regresarán a la orilla, donde deberán soportar el frío hasta que el curandero termine con su sesión de purificación.



Aunque son muchas las lagunas, las de mayor fama son la Laguna Negra –alejada, aunque muy visitada– y la de Shimbe, de cerca de seis kilómetros de extensión. Al viajero se le recomienda ser especialmente cuidadoso con la selección de su guía. Hay más de medio centenar de chamanes en la zona y no todos gozan de buena reputación. Lo mejor será hablar con vecinos de Huancabamba y preguntar por aquellos más recomendados. Las tarifas son siempre pactadas en conversación, aunque difícilmente serán bajas. El conocimiento ancestral tiene en las Huaringas un alto costo. Las leyendas que rodean estas lagunas aumentan la esperanza en quienes recurren a su poder sanador: se dice que eran estos espejos de agua los preferidos por el inca para buscar renovar su energía, y no es ningún secreto que hasta el ex dictador Alberto Fujimori se zambulló en ellas en más de una ocasión.

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