Lugares para visitar en San Martín – Peru



A dos horas al sur de Tarapoto encontramos lugares muy especiales, en los que el paisaje te transporta a la prehistoria, y sientes que en cualquier momento aparecerá un dinosaurio entre los helechos gigantes. La poca gente que visita estos lugares hace que la experiencia sea aún más especial, y nosotras tuvimos la suerte de vivirla. Visitamos el Parque Nacional del Río Abiseo y la Concesión para Conservación El Breo, dos joyas ubicadas en el departamento peruano de San Martín.

Esta vez nuestra aventura empezó en Lima, desde donde tomamos el último avión del día hacia Tarapoto. Una vez en Tarapoto fuimos al terminal de Turismo Cajamarca, desde donde tomamos un carro hacia Juanjui (no debería costar más de 20 o 25 soles por persona). Pasamos la noche en Juanjui y, la mañana siguiente, nos recogió Edwin, de la agencia Tesoros del Gran Pajatén, quién nos llevó hasta Puerto Amberes. Desde el puerto partimos por el río Huallaga, luego tomamos el río Huayabamba y finalmente entramos por el Río Abiseo. Nuestra primera parada fue en el Albergue Abiseo Aventura, manejado por Sander Nikolov. Él se esfuerza para que su operación en el albergue sea responsable, por lo que cuenta con paneles solares y otros sistemas amigables con la naturaleza. Además, esta zona está próxima en convertirse en la Concesión para Ecoturismo Nikolov Pioneros.



Ese día, en la tarde, fuimos a conocer la Cueva de los Franceses. Esta cueva queda en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional del Río Abiseo, y para llegar a ella debimos cruzar el río en bote y luego caminar durante poco más de una hora hasta llegar. En el ingreso a la cueva nos pusimos cascos y guantes y, con algo de nervios (sobre todo Caro, pues ella es un poco claustrofóbica) nos animamos a entrar. La caminata al inicio era suave, plana y el agua no llegaba ni a los tobillos. A medida que ingresábamos más, habían más subidas y bajadas, teníamos que escalar y descender por rocas y el nivel del agua incrementaba. Llegó un punto en el que teníamos que nadar, sin tener piso. Luego llegamos a un cuarto en el que todos apagamos las linternas y disfrutamos de la oscuridad total de este lugar, así como de los sonidos y olores de la cueva: definitivamente a humedad. Nosotras llegamos hasta el nivel 7 de la cueva y, la verdad, es que ni siquiera se sabe cuántos niveles hay, pues aún quedan muchos túneles por explorar. Esa noche estábamos tan cansadas de la caminata y la nadada que dormimos profundamente.

El día siguiente despertamos temprano, pero la intensa lluvia nos mandó de vuelta a la cama, hasta las 10 de la mañana. Después de eso salimos en bote hacia el puesto de control El Churo, pues entraríamos al parque nacional, y para eso uno debe inscribirse en los libros de visitas del SERNANP. Nos fuimos directo a la catarata Maquisapa, con ganas de hacer rapel, pero cuando llegamos, la catarata estaba muy crecida y era peligroso hacerlo. Igual disfrutamos de estar en ese mágico lugar y de toda la energía de la catarata. Después de eso nos fuimos a la catarata Shiwi, que tiene una de las pozas más bonitas en las que nos hemos bañado, nadamos y disfrutamos del chorro de agua, fue espectacular. Después de haber estado mojadas todo el día, volvimos al albergue para cambiarnos y descansar, pues al día siguiente visitaríamos Santa Rosa y la Concesión para Conservación El Breo.

Esa mañana partimos hacia el Sector Santa Rosa del Alto Huayabamba (dejamos el Río Abiseo y seguimos por el río arriba por el Huayabamba). Llegamos al sector Santa Rosa, en donde conocimos a María y Oswaldo, una pareja que se esfuerza mucho por recuperar los suelos de la zona en la que viven, pues estos fueron degradados por el cultivo ilícito de coca. Ellos cuidan un jardín botánico en donde cultivan plantas medicinales. Además, son productores de grano de cacao y tienen acciones en la empresa de chocolate con sede en Suiza “Choba Choba”. Ellos determinan un precio justo por grano de cacao y ganan 1.50 dólares por cada caja de chocolate vendida. Fue muy interesante conversar las historias de María, Oswaldo y los demás productores de cacao que conocimos. Ahora aprovecharemos que aún no es tan tarde para visitar la catarata El Breo.

Tomamos el bote y paramos en el centro poblado Dos de Mayo, en donde conocimos a los miembros de la Asociación de Protección de Bosques Comunales Dos de Mayo Alto Huayabamba, quienes administran la Concesión para Conservación El Breo. Ellos nos contaron un poco más sobre la concesión y nos llevaron a conocer la catarata El Breo, el atractivo turístico más impresionante del área. Llegar a esa catarata es todo un lujo, es imponente y a la vez da una paz única. Después de unos minutos contemplando el paisaje fuimos a la poza principal, en donde disfrutamos de un refrescante baño en las aguas heladas de El Breo.

Después de tres días espectaculares en la zona sur de San Martín, volvimos a Tarapoto para seguir con nuestras aventuras. Al día siguiente, fuimos hacia la catarata Pucayaquillo, dentro del Área de Conservación Regional Cordillera Escalera con nuestros amigos de Vertical Journey, quienes nos enseñaron a hacer rapel. Luego de una mañana disfrutando del descenso en la catarata, visitamos Chazuta, un pueblo conocido por sus hermosas cerámicas, que fue declarada patrimonio cultural de la nación en el año 2012. Ahí visitamos el Centro Wasichay, en el cual nos enseñaron un poco más sobre el arte de la cerámica chazutina. Terminamos el día visitando a las señoras de Mishky Cacao, quienes nos contaron sus inspiradoras historias. Hace no mucho tiempo, debido al narcotráfico y al terrorismo ellas lo perdieron todo, inclusos a sus esposos, pero ellas estaban decididas a salir adelante. Así fue que empezaron a plantar cacao y majambo en sus chacras y, después de un tiempo, a producir su propio chocolate, el cual es vendido en su taller y en diferentes mercados y tiendas de Tarapoto. La energía que tienen estas mujeres es impresionante, y las ha llevado a tener grandes éxitos, sus historias nos sacaron una gran sonrisa y algunas lágrimas de emoción.



Después de esa magnífica experiencia, conociendo a tantas personas que sufrieron mucho en una época muy difícil en Perú pero que, ahora, están usando todas sus fuerzas para sacar adelante proyectos sostenibles que son reconocidos en diferentes partes del mundo, volvimos felices a casa. Más inspiradas que nunca.

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