Paracas: los viajeros de la vida a la muerte



A unas cuantas horas de Lima, cerca de la bahía de Pisco, el famoso arqueólogo peruano Julio C. Tello descubrió unos fardos funerarios y tejidos exquisitos que pertenecían a una cultura hasta ese entonces desconocida. En ellos encontraron que, a pesar de tener miles de años, la textura de las telas no se había deteriorado mucho, por lo que decidió estudiarlas.

Estas telas son los vestigios de lo que fue la Cultura Paracas, un grupo de señoríos que vivieron en estas tierras hasta el año 300 d.C y quienes tuvieron un especial culto por los muertos, dividiendo su historia en dos etapas: Paracas Cavernas y Paracas Necrópolis.

¿Qué es un fardo funerario?



Los Paracas creían que el alma del fallecido no dejaba este mundo sin sus objetos terrenales. Por ello, al momento de darle sepultura, lo sentaban en una cesta de mimbre en posición fetal y le colocaban a su alcance algunos alimento a modo de ofrenda para los dioses.

Un fardo funerario es una especie de cápsula en la cual se colocaba al fallecido para iniciar su viaje al otro mundo. Estaban recubiertos por una tela hecha a mano con detalles finísimos que llegaba a tener hasta 20 metros de largo. Luego este manto era recubierto por otros más grandes y con menos detalles, los cuales eran un revestimiento que protegía el manto principal.

El muerto aparecía con un turbante de algodón teñido de color rojo y llevaba adornos de oro, como collares y brazaletes. Asimismo, a su lado se encontraba todo un ajuar funerario, que constaba de un abanico hecho de plumas, una porra de piedra, cuchillos, utensilios para tejer y un plato de barro con alimentos para su propio consumo y de ofrenda para los dioses.

Paracas Cavernas



En esta primera etapa de la cultura Paracas, las momias se hallaban colocadas en tumbas excavadas en el suelo en forma de grandes botellones, en forma de cavernas. En su interior se colocaban muchos fardos funerarios y se revestía de piedra para evitar su rápida descomposición.

Paracas Necrópolis

Con el correr de los años, los Paracas evolucionaron y el culto a los muertos cambió. En vez de cavar hondos túneles en el suelo, crearon los primeros cementerios de América: Wari Kayan y Cabeza Larga, en los cuales los arqueólogos pudieron distinguir muchos elementos de una cultura compleja.

En ellos, pudieron ver que las momias estaban agrupadas de acuerdo a la calidad de su fardo, lo que indica la presencia de categorías sociales. Asimismo, los fardos más pobres contenían cuerpos incinerados, dándonos a entender que el proceso era algo muy especial y tenía una carga económica para la familia. Por otro lado, algunas momias habían pasado por procesos de momificación artificial, mediante la exposición a la intemperie, aprovechando que el clima seco de la región favorece la elaboración esta técnica.Paracas: los viajeros de la vida a la muerte

A unas cuantas horas de Lima, cerca de la bahía de Pisco, el famoso arqueólogo peruano Julio C. Tello descubrió unos fardos funerarios y tejidos exquisitos que pertenecían a una cultura hasta ese entonces desconocida. En ellos encontraron que, a pesar de tener miles de años, la textura de las telas no se había deteriorado mucho, por lo que decidió estudiarlas.

Estas telas son los vestigios de lo que fue la Cultura Paracas, un grupo de señoríos que vivieron en estas tierras hasta el año 300 d.C y quienes tuvieron un especial culto por los muertos, dividiendo su historia en dos etapas: Paracas Cavernas y Paracas Necrópolis.

¿Qué es un fardo funerario?

Los Paracas creían que el alma del fallecido no dejaba este mundo sin sus objetos terrenales. Por ello, al momento de darle sepultura, lo sentaban en una cesta de mimbre en posición fetal y le colocaban a su alcance algunos alimento a modo de ofrenda para los dioses.

Un fardo funerario es una especie de cápsula en la cual se colocaba al fallecido para iniciar su viaje al otro mundo. Estaban recubiertos por una tela hecha a mano con detalles finísimos que llegaba a tener hasta 20 metros de largo. Luego este manto era recubierto por otros más grandes y con menos detalles, los cuales eran un revestimiento que protegía el manto principal.

El muerto aparecía con un turbante de algodón teñido de color rojo y llevaba adornos de oro, como collares y brazaletes. Asimismo, a su lado se encontraba todo un ajuar funerario, que constaba de un abanico hecho de plumas, una porra de piedra, cuchillos, utensilios para tejer y un plato de barro con alimentos para su propio consumo y de ofrenda para los dioses.

Paracas Cavernas

En esta primera etapa de la cultura Paracas, las momias se hallaban colocadas en tumbas excavadas en el suelo en forma de grandes botellones, en forma de cavernas. En su interior se colocaban muchos fardos funerarios y se revestía de piedra para evitar su rápida descomposición.

Paracas Necrópolis

Con el correr de los años, los Paracas evolucionaron y el culto a los muertos cambió. En vez de cavar hondos túneles en el suelo, crearon los primeros cementerios de América: Wari Kayan y Cabeza Larga, en los cuales los arqueólogos pudieron distinguir muchos elementos de una cultura compleja.

En ellos, pudieron ver que las momias estaban agrupadas de acuerdo a la calidad de su fardo, lo que indica la presencia de categorías sociales. Asimismo, los fardos más pobres contenían cuerpos incinerados, dándonos a entender que el proceso era algo muy especial y tenía una carga económica para la familia. Por otro lado, algunas momias habían pasado por procesos de momificación artificial, mediante la exposición a la intemperie, aprovechando que el clima seco de la región favorece la elaboración esta técnica.

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