Qué visitar en Paracas



Algunas veces necesitamos sentir el viento en la cara, mojar los pies en el mar y terminar el día con una puesta de sol que tiña el cielo de rojo. Pero sentimos que no nos da el tiempo para viajar y disfrutar de la naturaleza. Paracas es un lugar mágico a solo tres horas de la ciudad de Lima donde se puede experimentar todo esto en un solo fin de semana.

Paracas es un destino bastante conocido, pero hay muchas actividades y lugares que la mayoría de las personas que han visitado este lugar aún no se han animado a explorar. Si lo que quieres es aventura mientras estás rodeado por un paisaje increíble, Paracas es el lugar que estás buscando.

Nos juntamos en mi casa con todos los juguetes: windsurf, parapente, bicicletas y más. Después de un buen rato tratando de acomodar las cosas como piezas de tetris, que no hubiesen entrado sin nuestro baúl y parrilla Thule, logramos salir de Lima a las 8 pm. Tomamos la Panamericana Sur y las bocinas, las luces y el tráfico nos acompañaron (y abrumaron un poco) hasta Alipio Ponce. Después de eso nos fuimos tranquilas por la autopista que está en muy buen estado. Hicimos nuestra primera y única parada en el restaurante “El Batán” en Chincha, en donde se pueden comer empanadas deliciosas de casi todos los sabores. Luego seguimos hasta el km 245, en donde tomamos el desvío de aproximadamente 10 km hasta la bahía de Paracas. Pasamos la noche en el hotel La Hacienda, aprovechamos los cuartos cómodos y dormimos temprano para sacarle al jugo al siguiente día.



Nos despertamos a las 6 de la mañana, a pesar de que seguíamos con sueño sabíamos que esa es la mejor hora para ver y oír a las diferentes especies de aves en la bahía. Al salir a la orilla descubrimos que no solo es la mejor hora para ver aves, también es la mejor para disfrutar de los preciosos colores de Paracas reflejados en el mar calmado. La bahía estaba casi sin gente, así que aprovechamos la tranquilidad para meternos a hacer un poco de paddle. Algunos hoteles tienen paddles que pueden ser usados por sus huéspedes, y hay otras empresas que alquilan todo tipo de equipos para deportes acuáticos. Después del ejercicio matutino teníamos energías para seguir con aventuras durante todo el día.

Nos dimos un baño en la piscina del hotel y nos alistamos rápidamente para ir rumbo a la Reserva Nacional de Paracas, en donde ya habíamos quedado en encontrarnos con José Rosas, dueño de la empresa “Paracas es Aventura”. Para ingresar a la reserva se debe pasar por un puesto de control y hacer un pago de S/. 10 por cada día que uno planea quedarse. Una vez adentro, nos dirigimos a la playa Supay, donde estaba José Rosas y su equipo esperándonos. Nos dijeron que las condiciones estaban perfectas para hacer parapente, y sin pensarlo mucho dejé que me pusieran todos los equipos de seguridad, mientras Caro se ponía también los suyos. Yo salí en un parapente junto con José, y Caro salió sola, porque ella tiene licencia para volar. La vista de la reserva cuando uno está volando es increíble, el desierto amarillo-rojizo de Paracas y el mar turquesa parecen una obra de arte. La sensación de libertad al estar suspendido en el aire es incomparable.

Esa tarde nos fuimos a una de mis playas favoritas de todo Paracas, Mendieta. No es muy difícil llegar ahí porque dentro de la reserva hay señalización que indica el camino hacia casi todas playas. Para llegar aquí sí usamos la doble tracción, pues habían zonas donde la arena estaba muy suave. Ya en Mendieta, yo me fui a explorar la playa, buscar un buen lugar para hacer la parrilla y el campamento, mientras que Caro se preparaba para hacer windsurf. Esa noche el cielo estuvo lleno de estrellas. Nos encontramos con un grupo de amigos, preparamos una parrilla deliciosa y disfrutamos de un cielo lleno de estrellas y una buena conversación llena de bromas y risas. Al terminar la noche apagamos la parrilla y nos llevamos todos los restos de ella, la idea es dejar el lugar tan o más limpio que como se encontró, para que la siguiente persona que lo visite tenga una experiencia igual de buena.

Al día siguiente nos despertamos temprano y nos pusimos a planear las actividades que queríamos hacer. Nos fuimos a la zona donde antes estaba La Catedral (formación destruida en el terremoto de Pisco del año 2007). Hicimos una ruta en bicicleta desde ahí hasta la playa Lagunillas, bordeando los acantilados. Nosotras llevamos nuestras bicis, pero también es posible alquilarlas en El Chaco (El Chaco es una zona con gran cantidad de hoteles y servicios turísticos que se encuentra al terminar el desvío hacia Paracas). El paseo fue muy divertido, vimos paisajes preciosos y hacer algo de ejercicio siempre cae bien. No recomendamos montar bicicleta en Paracas en días muy ventosos, pues ir contra el viento puede ser agotador. También recomendamos usar bloqueador para evitar la insolación.

En Lagunillas fuimos a visitar el puerto. Aquí encontramos muchas embarcaciones sacando la pesca del día. Mientras esperábamos a Juan Ramón Trujillo, el presidente de la Asociación de Pescadores Artesanales a Cordel de la Reserva Nacional de Paracas, no nos resistimos a bailar un poco de salsa que los pescadores escuchaban. Después de un rato llegó Juan Ramón quien nos llevó en su embarcación y nos enseñó a pescar. Apenas Caro agarró el cordel, ya estaba picando un pez; jaló y salió un tramboyo. Después de un rato sentada yo también logré sacar un tramboyo y nos pusimos a hacer el cevichito. Mientras lo preparábamos Juan Ramón nos contó que los miembros de la asociación son considerados guardaparques voluntarios porque defienden los recursos marinos de la reserva. Muchos pescadores extraen los productos con redes, sacando muchos peces que están por debajo del tamaño mínimo de pesca y especies que a veces no deberían ser extraídas. Juan Ramón, al igual que los otros miembros de la asociación, al pescar con cordel pueden seleccionar qué peces sacarán para la venta y cuáles devolverán al mar para que su ciclo reproductivo pueda terminar. Después de esta interesante conversación, y sin darnos cuenta, ya habíamos terminado de preparar el ceviche. Nada como disfrutar un ceviche con pescado fresquito en medio del mar…..¡Y con harto ají!



Después de la relajante tarde de pesca, decidimos regresar a la bahía, para disfrutar un poco más de los deportes que se pueden hacer ahí y conocer más sobre el hotel La Hacienda. Llegamos y la tarde estaba perfecta para salir en hobie cat. Gerardo, de la empresa Paracas es Aventura nos acompañó, nos enseñó a navegar y nos divertimos mucho con las locuras que hacíamos para la Gopro. El viento perfecto y las bromas hicieron de ese un momento de relajo y buenas energías.

A eso de las 5 pm nos fuimos al hotel La Hacienda, en donde nos explicaron un poco más sobre los esfuerzos que hacen por ser un hotel que opera sosteniblemente. No es tarea fácil, porque este hotel tiene muchos huéspedes, pero ellos lo han logrado. Ellos cuentan con una planta desalinizadora y una planta de tratamiento de aguas servidas; no usan lejía ni detergentes; los residuos orgánicos son vendidos como alimento para cerdos en lugares autorizados y los inorgánicos son trasladados a Lima para ser vendidos a recicladores. Finalmente, en la noche nos pudimos reunir un rato con Juan Carlos Heaton, el jefe de la Reserva Nacional de Paracas, quien nos contó los nuevos proyectos de turismo sostenible que quieren desarrollar, los desafíos que aún tienen para garantizar la conservación de las especies y nos invitó a nosotras y a quien quiera a disfrutar de la reserva teniendo en cuenta siempre las recomendaciones de los guardaparques. Esa noche la volvimos a pasar en los cómodos cuartos de La Hacienda.

Después de algunos días de aventura, amigos, aprendizaje, relajo y contacto con la naturaleza, nos regresamos a Lima con gran satisfacción por haber terminado este viaje felices y tener muchas opciones divertidas y responsables para contarles. ¡Hasta la próxima aventura!

¿Cómo llegamos?

Desde Lima, tomamos la Panamericana Sur, pasamos por San Bartolo, Chilca, Cerro Azul, Chincha y Pisco, hasta el km 245, en donde tomamos el desvío hacia la bahía de Paracas. El desvío de 10 km nos llevó hasta el Chaco, que es donde se concentran muchos hoteles y restaurantes en la bahía. El camino hasta aquí toma aproximadamente 3 horas en carro.

Luego, yendo hacia la izquierda se llega hasta los hoteles La Hacienda y Hilton. Siguiendo ese camino se llega al ingreso a la Reserva Nacional de Paracas.

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