Reserva Nacional Pacaya Samiria y Puerto Prado



La Reserva Nacional Pacaya Samiria es uno de los espacios más biodiversos del planeta y el más extenso bosque inundable de la Amazonía Peruana.

Salimos del aeropuerto de Lima en uno de los primeros vuelos de la mañana, para llegar a la ciudad de Iquitos al amanecer y poder aprovechar todo el día. En el aeropuerto de Iquitos, nos encontramos con Lucie y Anita, dos chicas francesas que vinieron al Perú para trabajar en Latitud Sur, una ONG franco-franco peruana que realiza proyectos de desarrollo sostenible en la Amazonía. Entre el cansancio por las pocas horas de sueño y el calor de la selva, dormimos todo el camino en bus a Nauta, donde nos esperaba el Selva Viva para iniciar nuestro recorrido en bote. Estábamos muy emocionadas por que nos esperaban 4 días navegando por los bosques inundables de la Reserva Nacional Pacaya Samiria, y nos habían dicho que era una de las mejores experiencias que uno puede tener en la Amazonía.

Nos acomodamos en el bote y nos sentamos a almorzar mientras navegábamos por el Rio Marañon, compartiendo nuestras experiencias de viaje con las otras 6 personas que nos acompañaban en el Selva Viva. Yo, como de costumbre, estaba muerte de hambre y concentradísima en mi comida, y fui la última en darme cuenta del grupo de delfines que nos hacían un espectáculo al llegar a la confluencia del rio Pucate.



Nuestra primera parada dentro de la reserva fue la comunidad Cocama de 20 de enero, donde nos recibieron con muchísima alegría y con ganas de enseñarnos como ellos viven en armonía con la naturaleza, a través de la producción y aprovechamiento sostenible del aceite de aguaje. Para eso, teníamos que aprender a trepar la palmera de aguaje, que se veía muy difícil y se notaba que se necesitaba mucha técnica para hacerlo. Como en la mayoría de aventuras, yo fui primero, dispuesta a trepar la palmera aunque me hubieran dicho que me podría tomar una hora. Al inicio fue complicado, pero luego de 10 minutos fui cogiéndole el truco y logré subir hasta la parte alta, sintiéndome como un mono.

Aprovechamos el resto de la tarde para explorar en bote auxiliar la cuenca del yanayacu-pucate, donde las aguas de color negro oscuro crean un reflejo perfecto de en el agua, y te hacen sentir que estas flotando entre los densos bosques. Luego de una tarde mágica, mientras volvíamos al Selva Viva, Tali y yo nos pusimos a filosofar sobre la infinitita conexión que sentimos con la naturaleza y que nos ha llevado a tomar muchas de las decisiones que nos han llevado a donde estamos. Mientras conversábamos se fue ocultando el sol y todo el cielo se puso de un color rojo intenso, reflejándose en el rio, dándole aún mayor sentido a nuestra conversación, haciéndonos sentir totalmente agradecidas hacia la vida y todo lo que nos rodea.

Al día siguiente, nos levantamos al amanecer y aprovechamos la mañana para relajarnos en las hamacas mientras navegábamos hasta Fundo casual, donde íbamos a hacer una caminata de aproximadamente hora y media por una parcela de selva primaria manejada y cuidada por los comuneros. Empezamos a caminar y nos encontramos con una tortuga mata mata, una boa constrictora y, luego una tarántula, que se me trepo al brazo y se me subió hasta el cuello – ¡casi me muero del susto! Seguimos caminando hasta llegara un lugar donde encontramos unos ficus gigantes, y nos sentamos un rato a descansar y a disfrutar de esa sensación de pequeñez por estar al lado  de estos arboles de increíble tamaño e imponentes raíces.

Volvimos al barco y almorzamos a bordo mientras navegamos hasta la confluencia de los ríos Marañon y Ucayali, donde nace el rio más largo y caudaloso del mundo: El mítico río Amazonas. Por la tarde, salimos de Yanayacu de Yacapana en bote auxiliar para explorar unas lagunas, donde la cantidad y diversidad de aves y monos nos enseñaron por que a esta zona se le conoce como uno de les espacios más biodiversos del planeta. Tuvimos una noche tranquila navegando en el Selva Viva, compartiendo con los demás pasajeros largas conversaciones entre divertidos juegos de cartas.

A la mañana siguiente, después del desayuno, salimos con Anita y Lucie a explorar en el bote auxiliar las lagunas que bordean el Yacapana. Las chicas empezaron a contarnos sobre los proyectos de sostenibilidad del Latitud Sur y el Selva Viva, y la conversación se transformó a anécdotas e historias de nuestras vidas. Mientras íbamos agarrando confianza, Lucie empezó a cantar canciones de Edith Piaf a Capella y Anita empezó con sus chistes ocurrencias, que nos hicieron reír hasta doler el estómago.  Volvimos al bote recargadas de energía y seguimos navegando hasta llegar a la comunidad de Hueicy, donde las señoras producen y venden lindas artesanías, y por más que Talu y no somos muy compradoras, no pudimos resistirnos de comprar unas Shikras.



Luego visitamos la comunidad de Canaan en el rio Tahuayo, donde nos recibió Wilder y su familia con muchísimo cariño y simpatía. Como bienvenida, nos pintaron la cara con las semillas del Achiote, y empezamos el recorrido donde nos mostraron el trabajo de reforestación que vienen haciendo, compartieron sus conocimientos sobre plantas medicinales y nos enseñaron la cabañas que han habilitado para recibir turistas. Cómo el calor era casi insoportable, decidimos darnos un rápido chapuzón en el rio – muy refrescante, pero no calculamos que era la hora de los mosquitos, así que no duramos mucho rato antes de querer cubrirnos nuevamente con nuestras camisas de manga larga. Al final de la tarde volvimos al bote, muy contentas de haber conocido a esta linda familia que está esforzándose por conservar el bosque y hacer las cosas bien.

A la mañana siguiente amanecimos con la primera luz del día reflejándose en el rio e iniciamos nuestro regreso a Nauta, donde luego de 4 días increíbles, terminaba nuestra aventura en el Selva Viva. Como dicen ‘todo final es el comienzo de algo nuevo’, así que en Nauta nos recibió Ema Tapullima, para acompañarnos a conocer la comunidad de la que es presidenta y que están trabajando mucho para desarrollar actividades de turismo, investigación y conservación. Después de sólo 20 minutos en bote llegamos al pequeño paraíso del que mucho habíamos escuchado pero ninguna de las dos conocía: La Comunidad Nativa de Puerto Prado.

Lo primero que nos impresionó al llegar a la comunidad, fue la cantidad de niños, nadando en el rio, trepando árboles, disfrutando de la naturaleza, su felicidad era contagiosa. Lo primero que hicimos fue visitar la casa de Ema, donde nos recibieron en con los brazos abiertos y con un riquísimo plato de comida casera, haciéndonos sentir como en casa. Con una sonrisa radiante, Ema nos contó los diferentes proyectos de conservación que ha impulsado en la comunidad, que la llevaron a recibir el Premio de Ciudadanía del Ministerio del Ambiente en el 2013. Cuando estábamos terminando de conversar, entró Marilis a la casa, una niña hermosa de unos 12 años con muchísima energía. Nos tomo de las manos a Tali y a mi, y nos llevó a conocer a su abuela Doña Eusebia a la casa de al lado, donde además nos esperaban al menos otros 10 niños. Doña Eusebia y los niños nos cantaron canciones en Cocama, y entre cantos y risas pasamos unos momentos llenos de alegría, disfrutando de las cosas simples de la vida escuchando las canciones en esta lengua nativa que estaba casi perdida y que las comunidades se han esforzado en recuperar.

Luego, nos encontramos con los niños de la Asociación de Bosque de Niños, quienes hace 2 años recibieron de la comunidad un espacio de 12 hectáreas para que aprendan a cuidar de la naturaleza y conservar la biodiversidad del bosques. En el camino, vimos diferentes especies de árboles a quienes los niños le habían puesto señalización. Ellos, además, nos iban contando sobre lo que íbamos viendo mientras se colgaban de los árboles y jugaban en el bosque con una gran alegría. Llegamos al circuito ‘esto es selva’ que han preparado los chicos para divertirse y nos retaron a jugar. Tali fue del equipo las ardillas y yo del equipo de los tucanes, así que pasamos la tarde saltando llantas, cruzando un pasamanos sobre el charco, y sintiéndonos como si tuviéramos 10 años nuevamente.

¿Como llegamos?

Tomamos un avión desde Lima hasta la ciudad de Iquitos. Desde ahí, fuimos al Puerto de Nauta por aproximadamente 2 horas, donde nos esparaba nuestra embarcación, el Selva Viva. De regreso al Puerto de Nauta , tomamos un peque peque de aproximadamente 20 minutos por el rio marañon, para llegar a la comunidad Nativa de Puerto prado al margen izquierdo del rio.

¿Donde nos quedamos?

Nosotras nos quedamos en nuestra embarcación el Selva Viva

También hay opciones para quedarse en las comunidades que fuimos visitando, cómo por ejemplo en Canaan, donde Wilder a construido unas cabañas para recibir a los turistas.

En la Comunidad Nativa de Puerto Prado, nos quedamos en una maloca preparada para turistas. Contactarse con Ema Tapullima (teléfono de contacto: 995686238)

¿Donde comimos?

El Selva Viva brinda un servicio con todas las comidas incluidas.

En Puerto Prado, llevamos un poco de comida y compartimos con las personas de la comunidad.

En Iquitos, comimos en el restaurante Fitzcarraldo, en el malecón de la ciudad y con comida deliciosa.

¿cuantos días nos quedamos?

Selva Viva: 4 D / 3 N

Puerto Prado: 2 D / 1 N

¿Que hicimos?

– Navegación por el rio en el Selva Viva

– Visitas a las comunidades de 20 de enero, Canaan, Hueicy, Puerto Prado.

– Visita a la reserva Nacional Pacaya Samiria

– Visita al ACR Tamshiyacu Tahuayo

– Visita al Bosque de Niños de la Comunidad Nativa de Puerto Prado. Contactarse con Pedro Paucarcaja (teléfono de contacto) 989904262

¿Cuanto Gastamos?

Pasaje: $120 c/u – aprox s/ 400

Transporte Iquitos-Nauta-Iquitos: s/ 20 ida

Crucero solidario selva viva  $1000 – aprox S/ 3400

Alojamiento Puerto Prado (1 noche): 20 soles c/u

Comida Puerto Prado (2 días): 20 soles c/u

Entrada a la Reserva Nacional Pacaya Samiria: S/ 10

Total: aprox S/ 3870 cada una

¿Que llevamos?

– Botas de jebe (en el Selva Viva te prestan)

-Repelente

-Bloqueador solar

-camisas de manga larga

-pantalones largos y frescos

-tomatodo para agua

-Bikini o ropa de baño

-polos de manga corta

-mochila para llevar las cosas del día

– ¡Mucha energía y buena onda!

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