Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas: el corazón de los Andes centrales



Hicimos un viaje al corazón de los Andes centrales del Perú, la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas. Ya habíamos visitado muchas veces esta reserva, pero esta sería especial: nuestros amigos del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas nos invitaron a conocer los recursos naturales y culturales de la zona norte, ¡nosotras quedamos impresionadas!

Normalmente entramos a la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas por la entrada sur, pasando por Cañete y Lunahuaná, sin embargo esta vez tomamos otra ruta, pues conoceríamos otra zona de la reserva. Partimos desde Lima y tomamos la carretera central hasta Ticlio, punto en el que cruzamos la cordillera e iniciamos el descenso hacia la Oroya. Desde ahí seguimos al sur por el valle del río Mantaro, hasta la localidad de Canchayllo, donde nos esperaban los guardaparques. Llegamos ya tarde y esa noche nos fuimos a dormir, pues el día siguiente estaría lleno de actividades.

Nos despertamos muy temprano en Canchayllo y partimos hacia la SAIS Túpac Amaru para aprender un poco más sobre su sistema de trabajo. La Sociedad Agrícola de Interés Social (SAIS) Túpac Amaru fue creada en el año 1970, durante la reforma agraria; es una de las pocas que continúa trabajando bajo el modelo de autogestión y está conformada por 15 comunidades socias y una cooperativa de servicios múltiples. Pedro Pablo Arias, gerente de la SAIS nos contó un poco más sobre el trabajo que realizan en las 200 mil hectáreas de terreno que poseen: la producción del ovino raza Junín, la crianza de truchas, vicuñas y alpacas, y la elaboración de productos lácteos son solo algunos de los proyectos que vienen desarrollando. Cerramos nuestra visita de la mejor manera: probando quesos y deliciosos manjarblancos producidos en su planta de lácteos.



Dejamos la comunidad para internarnos en las montañas, nuestra primera parada: el impresionante cañón de Shutco. Esta formación natural ha sido modelada por la erosión a lo largo de millones de años y por tener más de 100 metros de profundidad, sus paredes son el escenario perfecto para deportes de aventura como la escalada en roca. Nosotras nos animamos, y recomendamos que lo hagan con calma, pues la falta de oxígeno a esas altitudes se siente. Después de conocer el cañón y tomarnos fotos con ese espectacular paisaje, seguimos nuestra ruta.

Nuestra siguiente parada fue el bosque de puyas de Raimondi. Aquí, nuestros amigos de la Asociación de Turismo de Canchayllo nos guiaron por los senderos (los cuales están muy bien definidos y señalizados), y nos contaron sobre esta interesante planta. Las puyas de Raimondi crecen únicamente en los Andes de Bolivia y Perú, y se han adaptado muy bien al ecosistema de puna, sobreviviendo a altitudes de hasta 4800 msnm, donde casi ninguna otra planta logra sobrevivir. Las puyas crecen durante casi 100 años, y de pronto producen enormes espigas que albergan más de 10 mil pequeñas flores, las cuales atraen a diferentes especies de animales desde lugares muy alejados. Después de unas semanas de floración, las puyas, inexplicablemente, mueren. Son plantas impresionantes, que pueden llegar a medir hasta 14 metros de altura, no podíamos irnos sin tomarnos una foto al lado de una. Después, nos fuimos a descasar al pueblo de Tanta, pues al día siguiente tendríamos una gran aventura.

Nos despertamos antes de las 5 de la mañana, se avecinaba un día largo por el Camino Inca que atraviesa la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas, uno de los tramos mejor conservados de todo el Perú. Antiguamente, este tramo conectaba los centros administrativos de Jauja y Pachacámac, hoy en día sigue siendo usado por los pobladores de la zona, ¡y también por turistas aventureros como nosotras! En Shacsha nos esperaban nuestros amigos de la Asociación de Turismo Rural Comunitario de Tanta con papitas, choclo y trucha, y después del desayuno hicimos un pago a la tierra, pidiendo permiso a los Apus para estar protegidos durante toda caminata.

La caminata no fue fácil, la altitud y la temperatura jugaron en contra, pero los retos físicos siempre valen la pena, y más si es que vienen acompañados de paisajes como el que vimos desde Escalerayoc: el Apu Pariacaca en todo su esplendor. Después de bajar los más de mil escalones que conforman la zona de Escalerayoc, nos fuimos hacia Kuchimachay, en donde vimos pinturas rupestres. Después de tres horas más siguiendo el Qhapaq Ñan, terminamos la caminata y nos fuimos nuevamente hacia el pueblo de Tanta, donde tomamos una sopa que nos repuso del frío y dormimos en una cama caliente. Nos llevamos muy buenos recuerdos de este viaje, pero sobre todo, mucho aprendizaje sobre la flora, fauna, historia y cultura de la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas.

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