PUNO: LA RUTA AYMARA



El pueblo aymara habita la meseta andina del lago Titicaca desde tiempos precolombinos. Sus tradiciones y cosmovisión aún viven a orillas del lago más alto del mundo, y conocerlas también es descubrir la naturaleza y paisajes privilegiados del majestuoso Titicaca.

Recorrer la ruta aymara es explorar la geografía, comunidades, naturaleza y hermosas vistas de la península Chucuito. Esta fue tierra de reinos pre-incas, cuyas construcciones pueden verse hasta hoy. Decidimos vivir esta aventura de la mano del Hotel Titilaka: este lodge se encuentra en una península privada del lago, y propone que los visitantes conozcan de primera mano las costumbres y tradiciones de los pobladores de la región, a través de excursiones y actividades.



Nosotros probamos un poco de todo: una visita al sitio arqueológico de Sillustani, remamos a través de los totorales, exploramos los miradores naturales… ¡y hasta hicimos downhill en bicicleta por las trochas que rodean el lago!

Sillustani es considerado el centro funerario prehispánico más importante del Altiplano. Sus chullpas (tumbas) y torres funerarias fueron construidas para los grandes nobles de la época. Además, este complejo arqueológico no solo es un repaso de nuestras culturas ancestrales: también nos permite gozar del espectacular paisaje del Lago Umayo.

Es que los paisajes aquí, a 3,800 msnm, literalmente te dejan sin aliento. El entorno es mágico. Y una de las experiencias más bonitas en Puno, fue navegar en el Titicaca. Tocamos la totora y descubrimos este noble material que los lugareños usan como alimento y material de construcción, y que es hogar de muchas especies de aves.

Puno se conoce mejor a través de las leyendas e historias que se tejen al pie del Lago Titicaca. A través de las tradiciones que su gente ha querido conservar y pasar de generación en generación. Celedonio y Asunta, una cálida pareja puneña, nos abrió las puertas de su propia casa para mostrarnos de cerquita su día a día, sus tradiciones, y la forma como han logrado mantener viva y actual su herencia cultural.

Y es que la ruta aymara nos demostró la magia que sucede cuando nos conectamos con la naturaleza y con nuestro pasado.



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