Moquegua: ciudad de los dulces



Los pobladores del sur del Perú siempre se han caracterizado por su afición a los postres de todo tipo, teniendo un especial cuidado en su preparación y poniendo toda su creatividad en ellos. Esto se debe a que en sus fértiles valles la producción de azúcar ha sido siempre destacable durante más de 300 años de experiencia en la preparación de dulces y licores.

Los especialistas opinan que uno de los puntos fuertes de la economía moqueguana están relacionados con la comercializacón del azúcar y el desarrollo de la repostería en la región, ya que las recetas han sido pasadas de generación en generación de familias locales por más de 150 años, por lo cual los turistas que visiten la región encontrarán el más puro sabor tradicional de los postres peruanos.

Las masas de los postres moqueguanos casi nunca son crujientes, sino esponjosas y livianas, basadas en matices suaves que son apropiados para el más exigente paladar, basado en cremas, rellenos, flanes y frutas en conserva.



Cada celebración religiosa que se lleva a cabo en Moquegua está asociada a un tipo específico de postre. Por ejemplo, durante la época de los carnavales, se prepara la hojaldrilla o empanada suave. En Semana Santa, los dulces de huevo como el huevo molle o los guargüeyos son los más consumidos, así como los pasteles de almendras en forma de palomas y árboles.

Se dice, además, que el mejor alfajor del Perú es preparado en esta región, ya que el tipo de manteca que se utiliza en su preparación tiene un especial cuidado en todo su proceso.

Los orígenes de los postres son netamente españoles, específicamente de la región de Valladolid o Castilla la Vieja, que es de donde la mayoría de la población desciende. Poco a poco se fueron introduciendo elementos nativos como el camote y las frutas locales.

Entre los más destacados se encuentra el Alfajor de penco, la Leche de monja y las Humintas.



¿Dónde puedo degustarlos?

En los locales ubicados cerca a la plaza de Armas se encuentran diversos locales en los que sirven estas delicias preparadas en el momento que el cliente las pida. Entre todos ellos, el pueblo de Torata, ubicado a menos de una hora en automóvil hacia el campamento minero de Cuajone, es el lugar de preferencia para consumir estos postres, ya que el pueblo entero se encuentra dedicado a su producción y distribución.

No se olvide de preguntar, cuando pase por ahí, por la calidad de los panes, hechos de manera artesanal y con un delicioso toque dulce que hará de su visita aún más placentera.

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